El llamado a la escuela de hoy con las teorías del aprendizaje

 

 

El llamado a la escuela de hoy con las teorías del aprendizaje

 

Autor:            Gregorio Andrés Achury Gallego

 


Resumen

El presente artículo buscó reflexionar sobre el papel de la escuela hoy en día, con las teorías del aprendizaje aplicadas que afectan significativamente el proceso de aprendizaje del estudiantado, para ello, se presenta un acercamiento sobre el problema de la educación y los vacíos que tiene frente a las necesidades del estudiantado, quienes no encuentran en la escuela la satisfacción o las herramientas necesarias para responder a su situación vivencial y particular por lo que no mejoran su realidad o definitivamente no son los suficientemente significativas para vida cotidiana, donde se tienen en cuenta algunas investigaciones realizadas que permitieron crear dos tendencias: la primera, el aprendizaje y la metacognición y la segunda, la motivación en el aprendizaje. También, se aborda cuatro temáticas que están relacionadas con el proceso de aprendizaje, la primera relacionada con la metacognición, la segunda, se presentan las teorías del aprendizaje, la tercera, abarca la escuela como un mundo de posibilidad y la cuarta, el papel de la motivación dentro del aprendizaje.  Cada una se centra en descubrir el papel que desempeña la escuela en el aprendizaje de sus estudiantes desde las nuevas exigencias de la sociedad actual, basadas en esa interrelación que existe entre ellas. Finalmente, se resalta el llamado a la escuela de hoy, un llamado a transformarse, a ser un espacio de posibilidades con múltiples aperturas que permita reconocer los diferentes modos de aprender y se permee de las nuevas formas de aprendizaje para que pueda motivar al estudiantado en su propio proceso de manera continua y dinámica.

 

Summary

 

This article sought to reflect on the role of the school today, with the applied learning theories that significantly affect the student's learning process, for this, an approach is presented on the problem of education and the gaps it faces to the needs of the student body, who do not find in school the satisfaction or the necessary tools to respond to their personal and personal situation, therefore they do not improve their reality or are definitely not significant enough for daily life, where some are taken into account Research carried out that allowed the creation of two trends: the first, learning and metacognition, and the second, motivation in learning. Also, it addresses four themes that are related to the learning process, the first related to metacognition, the second, the theories of learning are presented, the third, covers the school as a world of possibility and the fourth, the role of motivation within learning. Each one focuses on discovering the role that the school plays in the learning of its students from the new demands of today's society, based on the interrelation that exists between them. Finally, the call to the school of today is highlighted, a call to transform itself, to be a space of possibilities with multiple openings that allows recognizing the different ways of learning and permeates new ways of learning so that it can motivate the student body in your own process continuously and dynamically.

 

 

Palabras claves: escuela, teorías del aprendizaje, estudiantes, motivación

Keywords: school, learning theories, students, motivation

 

1.      Introducción

Partiendo por diferentes etapas de la historia de la humanidad hasta el día de hoy se puede identificar a la educación como un proceso natural y coexistente con la realidad humana. Sin embargo, históricamente, la educación ha sido utilizada para adiestrar a las personas para el trabajo, la cual se ha llevado a cabo desde la institucionalidad (la familia, la escuela, la religión), convirtiéndose en aquel medio que subordina desde el nacimiento para hacer de ellos dóciles, domesticados, obedientes y máquinas. En este sentido, Foucault (2002, p.125), nos muestra como la educación se ha consagrado a educar ese cuerpo (persona) «que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican», es decir un cuerpo-persona para la producción o para el trabajo. Esta debe generarse desde la educación de la casa hasta la escolar, buscando desarrollar todas sus capacidades pero además, educarlo desde la obediencia por medio de una escala de control y poder.

Por lo tanto, la educación disciplina a la persona para que no salga de su control desde la docilidad y el adiestramiento, La Mettrie (1961, p.50) añade que «se ha adiestrado a un hombre, como a un animal, se ha llegado a ser autor como mozo de cordel» en el sentido que:

¡Nada más simple que la mecánica de nuestra educación! Todo se reduce a sonidos o a palabras que, de la boca de uno, pasan por la oreja del otro al cerebro, el cual al mismo tiempo recibe por los ojos la figura de los cuerpos, de los que estas palabras son los signos arbitrarios. (La Mettrie, 1961, p.19)

Esta educación impartida no es la misma que hoy se requiere, ni la que necesita la sociedad ni quienes hacen parte de ella, hoy se requiere de otro tipo de educación y por ende de aprendizajes significativos para los estudiantes. Es aquí donde existe un llamado a la escuela sobre cómo están enseñando, para qué, por qué, y por último pero no menos importante a quién. De este modo, Delval (2013) sostiene que la escuela debe ser un lugar privilegiado que permita participar en la vida, preparándolos como auténticos ciudadanos y no como súbditos.

Es de aquí, que nace esa necesidad de exploración y adentramiento a otros modos de enseñanza y formas de aprendizaje sin cabida al profesor como autoridad absoluta como tampoco a las instituciones sociales – educativas como poder de control, sino desde los mismos estudiantes, desde sus aspiraciones y sus necesidades en mundo impregnado por la tecnología y otros escenarios formativos, por ello, «la educación, vista como experiencia no solo cognitiva, sino también sensible, en la que recobra especial importancia (…) el encuentro consigo mismo, con el otro y lo otro, con un único afán y es el de llegar a ser personas íntegras» Zambrano citada por Zuluaga & García (2013, P.206), pues la educación es una creación, una actividad, un producto pero también una posibilidad del ser humano y de la cultura (León, 2007), porque es precisamente ese espacio que integra sabiduría, conocimiento, experiencia, relaciones, que convoca a la evolución, al desarrollo y a la búsqueda de sentido.

Desde el principio, tanto social como personalmente, el ser humano ha necesitado aprender sobre su entorno y también sobre sí mismo. Por ello, el aprendizaje es una necesidad para poder tomar el control de ciertas situaciones que nos cuestionan en nuestro entorno, sin perder de vista que la educación inicia como la búsqueda de respuesta a las preguntas del ser humano, aquellas que lo motivan a tratar de entender su realidad, que lo motivan a comprender y lo cuestionan una y otra vez. No muchas cosas han cambiado en ese proceso, antes como ahora requerimos tomar el control de los fenómenos naturales para transformarlos, sin embargo, dicho control solo es posible a través del conocimiento y de la comprensión del proceso mediante el cual lo asimilamos.

Las acciones que adelantamos en los diferentes procesos dentro de las instituciones educativas actualmente, responden a la tradición pedagógica en la cual hemos sido formados, su huella no solo ha marcado la forma de ser y de pensar, sino también en la forma en cómo se enseña a los y las estudiantes de hoy en día, que son efectivos hasta cierto punto, porque poco a poco se van viendo relegados por una nueva dinámica mundial y sobre todo en el campo científico educativo, relegándolos a meros productos cognitivos, repetitivos y sin un proceso de retroalimentación del conocimiento que se adquiere, se produce y se comparte. Dicho proceso se ve por así decirlo mutilado o subutilizado, perdiendo su fuerza en el impacto que debe producir desde la mirada del profesor, como desde aquellas ciencias preocupadas por el aprendizaje.

Actualmente, la educación moderna tiene un gran vacío presente en las instituciones de educación básica y media desde una visión científica de la educación, sobre todo desde la observación del proceso de producción y perfeccionamiento del conocimiento educativo, proceso que está más allá de la didáctica, la pedagogía y los modelos epistemológicos tradicionales practicados por los profesores de aula, presentes y omnipotentes en la escuela tradicional, y la dinámica actual donde no necesariamente podemos evidenciar un gran movimiento intelectual de los profesores, que promueva iniciativas de reestructuración conceptual en el campo educativo y que confronten nuestra realidad con las necesidades de las personas que asisten a la escuela.

Por lo tanto, este vacío afecta en la motivación del estudiantado, en su deseo e interés por aprender, además de impactar negativamente en su desarrollo humano como ser sentipensante, porque las formas de enseñar y querer fomentar el aprendizaje no siempre son las acertadas, muchas veces porque se desconocen las teorías del aprendizaje.

Sin temor a equivocarme sostengo que la educación básica y media hasta hoy se ha centrado más en los principios de educadores, principios muchas veces heredados de conceptos antiguos, que de la necesidad o sentir del estudiante, por eso es que estamos entrando en una crisis en los niveles de calidad y pertinencia de los procesos pedagógicos, que no satisfacen a los niños y jóvenes que se encuentran vinculados a la escuela por obligación, y no por la búsqueda de conocimiento para solucionar los problemas o necesidades que experimentan diariamente.

Pienso que los profesores del sistema de educación básica no nos vemos como agentes de renovación conceptual de la educación, todo lo contrario, decidimos continuar nuestra práctica profesional como hasta ahora la hemos desarrollado, muchas veces sin tomar en cuenta sus necesidades, metas e ilusiones.

Desde la psicología, se ha venido impulsando el reconocimiento a las diferentes formas de aprender que tiene el ser humano, donde los procesos de enseñanza y aprendizaje en el desarrollo humano, son como toda acción humana en su transcurrir, procesos integrales donde debe observarse al estudiante como un todo, reconociendo que las necesidades de aprendizaje dependen de las realidades y los constantes cambios que la vida misma exige, sin embargo, la esencia no cambia, el esmero de hoy es el mismo que los antiguos profesaban para educar, tratar que las nuevas generaciones accedan a las experiencias necesarias para poder perfeccionar su ser, desde el aspecto cognitivo y desde la transmisión de saberes que hacen parte de la trayectoria vital de sus antecesores, dejando como legado esos saberes y conocimientos a los más jóvenes.

De esta manera, las personas requieren de un aprendizaje constante y sistemático, no sólo por el dominio de los fenómenos naturales, sino como medio de satisfacción de la curiosidad, o mejor, de la necesidad de saber un poco de todo con el fin de encontrarse consigo mismo.

Sin embargo, no todos tienen el mismo interés y facilidad en dicho desarrollo del aprendizaje, o frente a los diferentes procesos mediante los cuales se aprende, como es el caso, de los modelos tecnológicos que actualmente existen y que están a disposición de estudiantes y profesores; algunos pueden leer y guardar archivos fácilmente, mientras que otros no cuentan con esa capacidad, por lo que hay que buscar alternativas y “accesorios” para poder guardar y mantener dicha información, dando funcionalidad a la teoría educativa más apropiada para el desarrollo humano.

Así, la psicología educativa permite atender y fomentar el desarrollo personal desde lo psicológico en todos sus aspectos: psicomotor, intelectual - cognitivo, social, afectivo-emocional; como también abarca los principales agentes de la comunidad educativa: estudiantes, padres de familia y docentes, que hacen parte de un mismo contexto, el educativo. Esta implica, por una parte, aportar un análisis psicológico de diversas situaciones típicas de la vida de los agentes escolares en medio de la rutina escolar y por otra parte, proponer planes de acción y mejoramiento que respondan a los análisis realizados y a la intervención requerida ante las posibles amenazas a los procesos de desarrollo educativo, enfocado en el estudiante, desde sus potencialidades, donde la persona no sólo sea el objeto de un proceso, sino un protagonista activo de su propio crecimiento personal.

Es importante desatacar algunas investigaciones acorde al tema, estas fueron clasificadas en dos tendencias: la primera, el aprendizaje y la metacognición donde se han realizado investigaciones cualitativas como cuantitativas que proporcionan información de valor, al resaltar la importancia de la metacognición en los procesos de aprendizaje con población de diferentes niveles de educación.

En la educación infantil, se encontró el estudio de Aymara; Uvillus; Cañizares y Constante (2018) que tuvo como objetivo, establecer la relación existente entre los estilos de aprendizaje y las habilidades metacognitivas infantiles de los niños de nivel inicial, encontrando que, en el ámbito académico la identificación y reconocimiento de las características individuales de cada niño a través de estilos de aprendizaje son muy importantes para facilitar el proceso de enseñanza aprendizaje, puesto que sirve para mejorar sus habilidades meta-cognitivas, para ello se debe realizar salidas pedagógicas en la misma comunidad y experiencias lúdicas que ayuden a fortalecer su aprendizaje.

En la educación básica y media, los estudios de Torres (2015); Esteves (2014); Ayala (2013); Gaeta; Teruel y Orejudo (2012) y Bara (2001) reflejan que la enseñanza de estrategias de aprendizaje por parte del profesor debe enseñarse a los estudiantes en todo el proceso de formación para que sean útiles en el rendimiento escolar, además, el profesor también debe integrar aquellas estrategias utilizadas por los mismos estudiantes en la red con el propósito de mejorar los procesos de aprendizaje. De este modo, el profesor debe promover esa conexión de los saberes previos y los nuevos conocimientos desde una interacción social que permita reconocer otras formas de aprendizaje y de llegar al conocimiento, impulsando hacia el trabajo colaborativo, a tener presente otros puntos de vista y relacionar los temas con ejemplos, de esta manera se crea un proceso de cuestionamiento que despierta el interés del estudiante desde ese entrenamiento metacognitivo, a fin de involucrar al estudiante en su propio aprendizaje; por el contrario las estrategias tradicionales hacen que el estudiante sea pasivo en su proceso cognitivo y poco analítico. 

En la educación universitaria se encuentra los estudios de Roque; Valdivia; García y Zagalaz (2018); Villalba (2013); Campo; Escorcia; Moreno y Palacio (2016) y Martínez (2004), que demuestran cómo la educación superior requiere planes de estudio basados en nuevos escenarios de aprendizaje con uso de estrategias novedosas y flexibles que permitan la autonomía del estudiante y el desarrollo de las habilidades metacognitivas para un aprendizaje autónomo además, de construir modelos personales de acción. También, enfatizan en las estrategias de enseñanza, al considerar que estas deben promover aprendizajes significativos en el estudiantado, algunas de estas estrategias son la producción de textos puesto que, cuando escriben textos académicos cuentan con conocimientos metacognitivos al tener idea de aquello que escriben o deben resaltar, las estrategias a utilizar y la estructura del texto, pero también lo hace la resolución de problemas que busca desarrollar en el estudiante una postura crítica. Más allá del estilo se debe dirigir a desarrollar la capacidad de aprender a aprender.

La segunda tendencia es, la motivación en el aprendizaje en la cual autores como Cadavid; Sánchez y Triana (2017); Zapata (2016); López (2016); Zeballos (2016); Rivera (2014); Jiménez (2014); Vivar (2013);  Pila (2012); Flores y Gómez (2010); Stuardo (2010); Poveda (2002) y Elamthuruthil (2001) resaltan el papel del profesor en la motivación de los estudiantes, pues sus prácticas motivacionales posibilitan mejoras en las habilidades comunicativas que fomenta positivamente el proceso de aprendizaje, pero además tiene el papel de despertar la curiosidad para que se pueda generar un aprendizaje autorregulado.

De esta manera, estrategias de experimentación, aprendizaje colaborativo, aprendizaje por proyectos e implementación de la tecnología captan la atención del estudiante despertando su interés por aprender, desarrollando así destrezas en el uso de estrategias cognitivas. De esta manera las estrategias motivaciones convocan al desarrollo de capacidades, hábitos y habilidades al estudiante para que apropio conocimientos, se integre a su cultura y la reconozca para aportar significativamente en ella, de manera que apropiación genera sentimientos, interés, motivos, valores y conductas que fortalecen el desarrollo humano. Una de las observaciones es que los profesores proponen estrategias de aprendizaje tipo procesamiento y en menor medida, las metacognitivas, por lo que se requiere que las estrategias sean conducidas para la criticidad, resolución de problemas, planificación, control y evaluación. Se estableció que la incidencia de la motivación que tiene un desarrollo motivacional en el estudiante en aspectos vitales del ser como la autoestima, la seguridad y la confianza.

Además estas permiten mejorar el rendimiento académico, pues la no motivación hace que cumplan con sus tareas pero estas no producen motivación en ellos porque no encuentran significados en las actividades que realizan y que están relacionados con sus intereses personales, de esta manera se refleja que, la motivación intrínseca mantiene un buen rendimiento académico y la motivación extrínseca, impulsa hacia el trabajo en equipo, pues la capacidad del hombre para dirigir y orientar su propia vida implica la necesidad de formación y automotivación. Los profesores deben influir en esa motivación orientada a una autonomía del estudiante desde actividades creativas y no rutinarias que estimulen un aprendizaje eficaz, pues la motivación aumenta cuando tiene espacio para la experimentación, curiosidad y cuando se sienten participes de su proceso de aprendizaje, teniendo en cuenta que tanto los profesores y padres de familia influyen en los estudiantes, por tanto, una apropiada relación entre familia – escuela genera un impacto positivo en el proceso de enseñanza aprendizaje en el aula, siendo principales agentes motivacionales en el desarrollo escolar.

Estas dos tendencias permiten observar como el aprendizaje está relacionado con los procesos metacognitivos y motivacionales, que no solo integran al estudiante y a los profesores sino también a la familia, a la escuela y el contexto. Por ende, la educación actual no sólo sigue tecnicismos pedagógicos o metodológicos, ahora la educación se proyecta como elemento fundamental del humanismo formativo que trata de construir la sociedad partiendo de la persona como un ser integral y no como un mero agente productivo. Las instituciones educativas, es decir la escuela de hoy, debe configurarse como la unidad básica de innovación y creación de estrategias pedagógicas y metodológicas que respondan a una realidad cada vez más exigente y cambiante, que supone que el aprendizaje es un proceso continuo y creativo para cada uno de sus miembros y se desarrolla en cada uno de ellos de manera autónoma donde se adapta y transforma en respuesta a las necesidades y aspiraciones, tanto dentro como por fuera de ella.

El mundo de hoy requiere que la educación que antes se concebía como tradicional ahora evolucione y se transforme, que sea capaz de construir nuevas experiencias de aprendizaje dinamizando los procesos de interacción de saberes y experiencias significativas en la educación para lograr una motivación del estudiantado. Por ello, se busca reflexionar sobre el papel de la escuela hoy en día con las teorías del aprendizaje aplicadas, que afectan significativamente el proceso de aprendizaje del estudiantado, De esta manera, es imprescindible identificar las teorías del aprendizaje clásicas como las actuales, porque permiten abrir posibilidades para el cambio, y el fortalecimiento del desarrollo humano del estudiantado, pero aún más incidir en su motivación, y esto relacionado con la metacognición.

2.      El aprendizaje y la metacognición

Antes de hablar de las teorías del aprendizaje, es imprescindible abarcar esa relación existente entre el aprendizaje y la metacognición, por ello, el aprendizaje se define según el punto de vista de donde nos situemos, sin embargo, vamos a definirlocomo el proceso de adquisición de competencias relacionadas al conocimiento en medio de un contexto escolar que es la organización, donde se desarrolla el proceso pedagógico que aunque se fundamenta en perfiles individuales, funciona como una mente o inteligencia colectiva. De esta manera, en la escuela hay un volar en el pensamiento de afuera hacia adentro y viceversa, siendo un proceso casi que innato en toda persona, que se va construyendo poco a poco en la medida que es orientada e imitada desde esa relación con su entorno para poder encontrarse consigo mismo, pudiendo así transformar racionalmente su realidad, su propio entorno. 

Así, en el aprendizaje y construcción de conocimiento hay una conciencia de aquello que se aprende, cómo se aprende y para qué se aprende desde un control sobre el propio proceso de aprendizaje, de esta manera se refleja esa metacognición, que es la conciencia de la propia cognición (Pozo, Monereo y Castelló, 2001), que guía nuestras estrategias de aprendizaje (Medina, Castleberry y Persky, 2017) porque “el aprender sobre la naturaleza y la estructura del conocimiento ayuda a los estudiantes a entender cómo se aprende, y el conocimiento sobre el aprendizaje nos sirve para mostrarles cómo se construyen el nuevo conocimiento los seres humanos” (Novak y Gowin, 2002, p.28), es decir, permite que los estudiantes reconozcan aquello que saben y no saben para enfocarse en lo que les hace falta.

Según Osses y Jaramillo (2008) se diferencia dos componentes metacognitivos: por una parte se encuentra el conocimiento metacognitivo, el cual se refiere al conocimiento de la persona, al conocimiento de la tarea y al conocimiento de las estrategias. El primero está relacionado con aquel conocimiento que tenemos de nosotros mismos (potencialidades y limitaciones cognitivas); el segundo, a ese conocimiento sobre los objetivos de las tareas que permiten tomar decisiones; y el tercero, reconocer las estrategias que le permitan llevar a cabo una tarea de forma más efectiva. Por otra parte se tiene, el control metacognitivo o aprendizaje autorregulado, que da cuenta como la misma persona puede iniciar y dirigir su propio aprendizaje.

Desarrollar estas habilidades metacognitivas permite al estudiante adquirir y construir nuevos conocimientosdesde ese metaconocimiento, visto como esa manera de crear un nuevo conocimiento, que permite crear estructuras y producirlo, y un metaaprendizaje, referido al aprendizaje sobre el aprendizaje.

De esta manera, aprender es saber dar respuesta y desenvolverse en las diferentes situaciones por medio de dos procesos fundamentales, la experiencia acumulada mediante adaptaciones de nuevas propuestas y aprender de los proyectos puestos en marcha. El conocimiento de las personas no asegura el conocimiento de la escuela, pero se necesita que los estudiantes lideren el proceso del aprendizaje dentro de ella. Por ello, se busca entonces que ese aprendizaje no se quede dentro del aula sino que trascienda, es decir, les sirva a los y las estudiantes para la resolución de problemas o situaciones cotidianas donde deben desenvolverse, siendo capaces de dirigir su propio proceso de aprendizaje por medio de estrategias cognitivas de aprendizaje.

Estas estrategias son todo tipo de pensamientos, comportamientos, creencias, toma de decisiones y emociones que permiten adquirir una información, interconectándola con el conocimiento previo (Sánchez, Pulgar y Ramírez, 2015, p.126), que además debe promover que los estudiantes aprendan significativamente, pero para ello hay que tener en cuenta las tres clasificaciones que los mismos autores mencionan, las cognitivas (llamadas microestrategias), las cuales favorecen la codificación y almacenamiento de información para utilizarla en la solución de problemas; las metacognitivas (llamadas macroestrategias) que sirven para planificar, supervisar y evaluar la aplicación de las estrategias anteriores; y el manejo de recursos (llamadas afectivas), esta última relacionada con la motivación y las actitudes.

Las estrategias de aprendizaje permiten ser conscientes del conocimiento y de cómo se gestiona para llegar a esos nuevos conocimientos, permitiendo al mismo estudiante develar el sentido de aprender puesto que, desde sus propias construcciones pueden reflejarse aprendizajes significativos que los convoca a una responsabilidad sobre aquello que hacen y sostienen, motivándolos aprender desde sí mismos. De este modo, las escuelas, los profesores y estudiantes deben utilizar estrategias que estén relacionadas con la metacognición y está a la vez con las teorías del aprendizaje.

3.      Teorías del aprendizaje en la escuela

Las teorías del aprendizaje surgieron como un camino que posibilita llegar al conocimiento, para tomarlo, moldearlo, apropiarlo y finalmente interiorizarlo, pero cada una de distinta manera. Estas diversas teorías han marcado los procesos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas, es decir en todas las instituciones educativas desde el preescolar hasta el nivel universitario, y aún más, muchas de ellas se siguen reproduciendo actualmente, cuando el tipo de sociedad y el tipo de persona, no es el mismo que años anteriores. Esto, ha producido una tensión entre esas diversas formas de aprender y llevar a cabo el conocimiento.

De esta manera, aquella forma que enseñamos es parte de cómo nos enseñaron a nosotros, sin embargo, hoy el llamado con las teorías del aprendizaje no es de enfocarnos en una de ellas como absoluta, sino de comprender que su utilidad depende de un tiempo, espacio y necesidades según las características del grupo, puesto que cada una presenta sus ventajas y desventajas.

Una de las teorías del aprendizaje clásico, es la del conductismo que según Mesén (2019) y Sarmiento (2007) está enfocada en la repetición de las acciones para lograr el aprendizaje, donde el profesor dirige las actividades y utiliza el castigo como aprendizaje y forma de eliminar aquello no deseado, donde éste se obtiene por medio del condicionamiento clásico, que describe una asociación entre estímulo y respuesta continua, de forma que si sabemos plantear los estímulos adecuados, obtendremos la respuesta deseada, como también, por el condicionamiento instrumental, el cual busca la consolidación de la respuesta según el estímulo percibido, buscando los refuerzos para implantar esta relación en la persona. Para el conductismo el aprendizaje está influenciado por la conducta, por lo que se logra con la repetición y el adiestramiento, para así desarrollar las destrezas específicas y necesarias.

Otra de las teorías clásicas es la cognitiva, que asume que el aprendizaje se produce a partir de la experiencia (como estímulo), pero, a diferencia del conductismo, lo concibe no como un simple traslado de la realidad, sino como la posible representación de dicha realidad. La experiencia del estudiante es importante, como también los pensamientos y sentimientos, pero este es visto como un procesador de información. El profesor es un facilitador, quien busca por medio de experiencias que el estudiante logre el aprendizaje, pues se interesa en cómo representan el mundo en que viven y cómo reciben información de este. Aquí el estudiante es el centro, y no el profesor (Mesén, 2019; Sarmiento, 2007).

El cognitivismo abandona la orientación mecanicista pasiva del conductismo, y concibe al sujetocomo procesador activo de la información a través del registro y organización de dicha información, para llegar a su reorganización y reestructuración en el aparato cognitivo del estudiante, es decir, los procesos mediante el cual el conocimiento cambia.

En esta teoría, cuando hablamos de los procesos de aprehensión de la información y el conocimiento, podemos comparar la mente de los niños y jóvenes con un campo de trabajo similar al procesador de una computadora, por una parte podemos llenar un microchip con mucha información de datos importantes y otros no tanto, pero de nosotros depende qué tanto perdura y qué tanto se pierde en la experiencia posterior al proceso de aprendizaje, al guardar o no esa información en el ordenador, esto se puede comparar con los datos y la manera en que se ofrece dicha información a los estudiantes durante una jornada escolar, lo que el profesor quiere es llenar al estudiante de mucha información que se considera necesaria para su vida y para su desarrollo donde importa más, el abarcar contenido por tiempo, exigencia del colegio u otras razones.

Sarmiento (2007) hace hincapié en algunas de las formas de aprendizaje que se encuentran dentro de esta teoría como es la del aprendizaje por descubrimiento donde se aprende por ensayo y error; el aprendizaje como procesamiento de información donde hay una interacción entre las variables del sujeto y las del ambiente, convirtiéndose en un procesador activo de información; el aprendizaje como actividad en el cual se aprende espontáneamente, y donde el pensamiento de la persona se constituye por operaciones interconectadas y no por colección de contenidos.

Finalmente, la teoría constructivista, que también hace parte de las teorías clásicas, en esta el aprendizaje se basa en la experiencia de enseñanza de los estudiantes, donde se une el nuevo conocimiento con el ya adquirido, siendo así un proceso continuo en el cual se construye un conocimiento desde esas experiencias vividas, por tanto el profesor tiene el papel de acompañar y mediar, para que se logre el máximo aprendizaje (Mesén, 2019), por ello, no existe un protagonista en el proceso de enseñanza y aprendizaje, sino que tanto el estudiante como el profesor son parte vital de este proceso.

Para los constructivistas los estudiantes son un elemento esencial para el aprendizaje más allá de ser un procesador de información como la teoría cognitiva, porque estos pueden transformar los conocimientos, y le dan un sentido, convirtiéndose en unaprendizaje significativo.

La teoría constructivista del aprendizaje sostiene que las personas pueden desarrollar y potenciar su capacidad de cognición por medio de procesos de interacción a través de diversas herramientas y actividades autónomas. Lo que les permite proyectar diferentes formas de afrontar y de solucionar problemas, y por lo tanto, replantear sus concepciones sobre el conocimiento del mundo. El paradigma de esta teoría es que el aprendizaje se trata de un proceso dinámico y participativo, donde los estudiantes son agentes activos y con rol protagónico de su propio proceso de aprendizaje, quienes relacionan lo que saben con los nuevos conocimientos, por lo que no solo tiene en cuenta aspectos cognoscitivos sino también afectivos.

Estas teorías clásicas aún perduran hoy en día, no obstante actualmente existen otras teorías del aprendizaje modernas que han surgido de las nuevas necesidades que se tiene, como también, del momento en el que vivimos, enfatizando, que la sociedadha ido cambiando con el trascurrir de los años, y ahora con el auge de las tecnologías se hace imprescindible que la escuela también cambie y transforme las maneras de enseñar, pero sobre todo, la manera de ver a los estudiantes no como homogéneos sino heterogéneos, quienes tienen diferentes formas de ser, estar, actuar y de aprender de acuerdo a sus capacidades.

No obstante, estos mismos han tenido que afrontar dificultades en sus procesos formativos por las formas de enseñanza de los profesores, quienes no han entendido que cada uno es diferente, por ende, aprenden de diferentes maneras, afectando o favoreciendo su desarrollo. Por tanto, la educación no puede ser un molde, debe ser un propulsor de la individualidad y la potencialidad. En esta línea, se han creados nuevas teorías del aprendizaje que buscan transformar la educación. La primera, la teoría socioconstructivista, que entiende el aprendizaje como la construcción de significados personal pero también compartido, la cual busca elaborar conocimiento para el desarrollo personal y así transformar la misma realidad en la que vive, es decir que dicho aprendizaje parte de unos saberes previos que están unidos por el contexto y la sociedad, por tanto esos entornos de aprendizaje deben ser lugares donde se trabaje juntos, exista una ayuda mutua, que a la vez permita utilizar diversas fuentes de información para lograr el aprendizaje, como es la utilización de las TIC, siendo así un aprendizaje colaborativo (Valdez, 2012). Esta teoría busca entonces, crear una integración con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y las herramientas de software social con el aula.

La segunda, la teoría del conectivismo, según Medina, Calla y Romero (2019) y Siemens (2012) integra el uso de redes de internet para la manipulación y aprovechamiento, siendo una nueva teoría para la era digital que intenta acercarnos a la realidad de las necesidades actuales de los estudiantes con su relación con la tecnología, por ello está centrada en la inclusión de la tecnología como parte de la propia actividad cognitiva para aprender y conocer. Desde esta teoría, el conocimiento se distribuye por la red, pero no todo sirve aunque resida en una base de datos, pues para ser considerado como significativo, el aprendizaje debe estar conectado con las personas del contexto, es decir, ese conocimiento personal en red no solo alimenta a otras personas u organizaciones, sino que a la vez debe retroalimentar la red global, generándose nuevos aprendizajes. El aprendizaje es el proceso continuo que ocurre en diferentes escenarios o mejor, ambientes difusos y cambiantes que no siempre están controlados. Este puede existir por fuera, por tanto, es aquel que permite crear conexiones en las redes sociales y tecnologías, conectar información y diferenciarla.

Estas nuevas teorías buscan entonces ampliar las miradas sobre las diversas formas de aprendizaje y a la vez de enseñanza haciendo uso de lo que hoy en día tenemos, las TIC. Aún más en estos momentos de educación virtual, donde la escuela ha sido obligada a despojarse de la presencialidad y del tradicionalismo, para adentrarse a la virtualidad. La globalización y las nuevas tecnologías han creado nuevos paradigmas en el pensamiento socioeconómico y en efecto en la percepción final de bienestar que cada uno construye y del cual disfruta consiguiendo plenitud y satisfacción.

Así, las teorías del aprendizaje no pueden ser vistas ni tomadas como absolutas, por el contrario, estas nos permiten ampliar las miradas que tenemos, dando posibilidad de transformar para alcanzar. Alcanzar unos conocimientos, alcanzar unos propósitos, alcanzar unas necesidades, pero sobretodo, alcanzar al estudiante de hoy. En este sentido, las teorías nos hacen un llamado a inquietarnos y preocuparnos por el aprendizaje y los modos en cómo aprendemos, de esta manera llegaremos a entender y comprender a nuestros estudiantes dentro y fuera de la escuela.

4.      La escuela como un mundo de posibilidad por medio de los modos de aprendizaje

La escuela debe ser un espacio abierto, flexible y dinámico que proporciona al estudiante herramientas diversas para acceder al conocimiento, generando aprendizajes significativos desde un abanico de posibilidades desde los diferentes modos de aprender que cada persona tiene y que muchas veces desconocen ellos mismos y desconocemos como profesores.

Debemos reconocer que existen unos modos de aprendizaje, y que dependiendo de ellos el aprendizaje tiene un sentido. Elmore (S.f.) sostiene que, los modos de aprendizaje son un esbozo que nos permite desarmar muchos conocimientos convencionales sobre lo que es el aprendizaje, donde se identifican cuatro cuadrantes: El primero, el cuadrante individual jerárquico donde el aprendizaje se enfatiza en el logro individual, pues el contenido académico es lo más importante que las personas aprendan, que además se debe medir y evaluar. En este es importante el esfuerzo que se refleja en lo académico, donde los profesores proporcionan el trabajo y conocimiento y los estudiantes lo adquieren. El segundo, es el cuadrante colectivo jerárquico que relaciona el aprendizaje con los valores y objetivos comunales, es decir con aquellos objetivos o propósitos que tiene una organización. En esta, las instituciones educativas son los mecanismos que las comunidades utilizan para cuidar y educar a niños, niñas y jóvenes, además de fortalecer valores y reglas de instrucción. Por tanto, el aprendizaje se produce cuando se internaliza dichos propósitos.

El tercero es el cuadrante individual distributivo donde el aprendizaje se ve en aquellas personas que persiguen sus intereses con profundidad y amplitud. Ellos aprenden desde sus beneficios y son los responsables de lo que aprenden, cuándo aprenden y cómo aprende, por tanto, dicho aprendizaje ocurre desde el interés individual y voluntario, como desde la interacción social; y el cuarto, el cuadrante colectivo distributivo donde el aprendizaje ocurre en redes de estudiantes que exploran y apoyan los intereses comunales con la profundidad y amplitud que desean, pues aquí la meta es que el estudiante aprenda aquello que les interesa tanto a ellos como a sus miembros. El aprendizaje es comunitario y compartido teniendo objetivos comunitarios, que se da a través de las interacciones sociales donde se mejora las habilidades individuales y comunitarias.

Estos cuadrantes en relación con las teorías del aprendizaje nos permiten reconocer que todos tenemos diferentes modos de aprender, y que la escuela y los profesores deben conocer cómo aprenden sus estudiantes, en qué cuadrante se sitúan y cómo podemos potencializar esos modos de aprendizaje con una teoría del aprendizaje significativa que promueva y motive al estudiantado, pues debemos recordar que cada persona tiene una forma adquirir y crear aprendizajes.

Los estudiantes, no tienen mayor nivel de conciencia de sus propias capacidades y potencialidades cuando el proceso educativo inicia, y resulta ser un deber de los profesores propiciar los ambientes y los espacios para que ellos las descubran y valoren sus propias potencialidades, para que al final de todo el proceso educativo puedan aprovechar el conocimiento a favor propio y de su entorno, valorando significativamente sus propias capacidades y se sientan con la motivación para insertarse en su comunidad de manera propositiva y productiva, sin medir diferencias en condiciones cognitivas, impedimentos físicos, pero sí valorándose desde una perspectiva positiva, desde las cualidades que tiene para aportar a su propio desarrollo y al desarrollo de su contexto.

Necesitamos aprender a guiar a nuestros estudiantes a la vez de compartir con ellos los retos intelectuales, físicos, ideas, conceptos y hechos importantes de enorme trascendencia, sin subestimar su capacidad de comprensión, pero expresándolos pedagógicamente con sencillez, es decir de forma simple pero que sean  transmitidas y se conviertan en aquel lenguaje que fomenta aprendizajes y construye conocimiento. Para ello, tener presente que los modos de pensar, la manera de conceptualizar del hombre, la educación y la sociedad se particularizan con cada persona y con cada etapa de desarrollo de su vida, además de la conexión que realiza con el contexto.

En la escuela, profesores y estudiantes se convierten en un conjunto dinámico y evolutivo donde cada uno de los actores son protagonistas y tienen algo que aportar. No es posible actualmente concebir el proceso educativo como un mecanismo que abandona la capacidad de intervención de quienes se benefician de él, sino que lo percibe como un proceder que avanza en la historia dejando su efecto sobre ella y recogiendo de ella los aspectos que retroalimentan su devenir.

Por ende, es necesario que la escuela implemente acciones que busquen mejorar las potencialidades de niños, niñas y jóvenes, sosteniendo que la educación en el siglo XXI tiene una doble exigencia como lo dice Delors (1996), pueden ser casi contradictorias, la primera, deberá transmitir masiva y eficazmente conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognitiva, y la segunda, encontrar orientaciones que les permitan seguir y no desaparecer ante las corrientes de información que se presentan. De esta manera, nacen los cuatro pilares de la educación propuestos por el mismo autor, aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Pero también, se debe resaltar que la escuela y la educación deben permitir que los estudiantes aprendan a educarse a sí mismos, en ese aprender a aprender, para transformarse y ser sujetos activos, independientes y críticos.

La mejora escolar se consigue por medio de la gestión realizada por el personal del entorno educativo para adquirir un cambio favorable en el proceso educativo. Los propósitos de mejora obedecen al consenso o el acuerdo de todos los integrantes de la comunidad educativa para que se constituya como patrimonio de todos y cada uno de los actores en la parte motivacional de quienes ejecutan y producen sus resultados, para luego disfrutarlos y proyectarlos a su comunidad en retroalimentación.

No basta con favorecer la implementación de la gestión del proceso de aprendizaje en los centros educativos, se trata de desarrollar en los escolares la capacidad de aprender dentro y fuera del sistema educativo, es allí donde se ve la reestructuración de la escuela en modo flexible y con mayor autonomía en lo que se propone. La escuela se convierte en una estructura humana que se adapta, cambia y por ende evoluciona dentro de sus propios planes, procesos y proyectos educacionales. Los centros educativos como sistemas inteligentes adquieren la capacidad de organizarse para asumir diferentes entornos y demandas de cambio contextual, basando dicha capacidad en el feedback constante entre sus actores, permitiendo asumir conceptos propositivos en medio de su postura frente a los problemas que aquejan a las personas, pues la escuela de hoy debe transformarse para que dé respuesta a la realidad que se vive, como dice Esteve (s.f, p.1) “Una realidad, un mundo que demandan un cierto dominio de las TIC, conocimientos de idiomas, un fuerte desarrollo intelectual y, lo que es más importante, una adaptación a los cambios y una puesta en común con los demás”.

Por ello, es necesario que la escuela provoque un mundo de posibilidades al estudiante, donde se invite a la persona en sí a controlar aquello que aprende y cómo lo aprende, desde un espacio que permite ser flexible, creativo y motivacional, que no da prioridad a los contenidos sino a la posibilidad de mejora con cada tarea para una producción de conocimiento.

5.      La motivación en el proceso de aprendizaje

La motivación dentro del proceso de aprendizaje es fundamental al ser quien impulsa a los estudiantes alcanzar las metas propuestas, siendo esa estimulación la que empuja hacia el logro, la eficacia y el éxito, puesto que un estudiante motivado procura nuevos conocimientos, oportunidades, participación y disposición hacia nuevos desafíos (Lourenço y Almeida De Paiva, 2010), basado en una participación activa deseando tareas que los desafíen y generen nuevas capacidades de comprensión y dominio, que los incite a una mayor exigencia pero que además estén relacionados con la vida. De esta manera, “no observamos nunca la motivación sino que observamos el comportamiento motivado” (Ardila, 2001 p.81), motivo que es consecuencia del impulso y de la experiencia, de esas conexiones aprendidas que no solo permiten identificar la meta, sino responder hacia ella. 

La motivación, es un proceso vital que conduce a iniciar un comportamiento o conducta para adquirir ciertas respuestas y relacionarlas con aquellas que han sido aprendidas, es decir, relacionada con procedimientos y experiencias para dirigirse hacia el logro de una meta, donde se involucra variables cognitivas y afectivas, en las primeras, se encuentra esas habilidades y conductas para alcanzar la meta, y la segunda donde está presente la autovaloración y el auto concepto (Ardila, 2001; Alfaro y Chavarría, 2002; Riverón, Martín, Gómez y Gómez, s.f.).

Esta motivación en la escuela requiere no solo el esfuerzo individual sino también el colectivo, es decir, de profesores y estudiantes para que juntos busquen un aprendizaje, pues la motivación es esa fuerza que impulsa o mueve al ser humano hacia una meta, en el caso del contexto escolar, al aprendizaje y conocimiento.

Así, hablamos de una estructura educativa inteligente, cuando el aprendizaje individual pretende resolver el problema de adquirir conocimiento por el de construir o encontrarlo en medio de dinámicas educativas sustentadas en la motivación del estudiante. Resaltamos el carácter importante de la relación existente entre aprender y la motivación. El primero pretende por naturaleza reducir la homogeneidad por medio del conocimiento (aprender), por el contrario, busca desorganizar e incrementar la diversidad a través de la motivación y orientación al logro, lo que paradójicamente se desorganiza (cambio de paradigmas).

La motivación en el escolar proporciona un marco para los cambios cognitivos y prácticos que suceden en los centros de trabajo educativo y que emergen de nuevas estructuras metacognitivas y modelos mentales, pues es el medio para alcanzar una meta, el conocimiento. De esta manera, el “conocimiento metacognitivo referido a la persona, establece los límites de sus valores, de aquello a lo que el sujeto da valor. También aborda el conocimiento en torno a las estrategias que posee y a las demandas de la tarea”  (Ugartetxea, 2001, p.66), es decir que, el estudiante mismo puede tomar el control de su propio aprendizaje desde el esfuerzo que realiza por aprender basado en las expectativas que tiene, de esa manera se genera la estrategia de aprendizaje autorregulada que busca cumplir con aquellos objetivos propuestos.

Es necesario recalcar que dicha motivación tiene un efecto en el rendimiento académico, entendiendo que existen algunos componentes influyentes que Núñez (2009) explicita:  el primero, es el componente del valor donde se encuentra por un lado, ese valor asignado a la tarea, que implica la importancia para realizarla desde un compromiso adquirido, el cual tiene una utilidad, porque puede relacionarse con las metas futuras, pero también un coste, que da cuenta de la disposición del estudiante para invertir una cantidad de tiempo en dicha tarea. Por otro lado, se encuentra las metas académicas, relacionadas con la cognición, afecto y comportamiento, donde el estudiante puede dedicarse con el propósito de aprender (mejorar y desarrollar sus capacidades) o por rendir (buscando una valoración de los otros); así mismo, en estas metas académicas se incluye las de aprendizaje, rendimiento, evitación y las metas sociales. El segundo, es el componente motivacional de expectativa donde hace referencia a las autopercepciones es decir a esas percepciones y creencias individuales que se tiene sobre la capacidad de ejecutar y realizar una tarea, pero también se refiere a la autoeficacia, expectativas de resultado y percepciones de control. Y el tercero, el componente afectivo y emocional de la motivación, que da cuenta de esas reacciones hacia la realización de una determinada tarea, al tiempo de esas emociones y sentimientos que sienten por diversas situaciones generadas tanto en el aula como en el hogar, que dan sentido a las acciones realizadas.

No obstante, existen otros componentes que influyen en esa desmotivación o desinterés, como son los contenidos y métodos de enseñanza dentro del aula, más enfáticamente las teorías del aprendizaje que se emplean dentro de la escuela por parte de los profesores que influyen en el proceso de aprendizaje del estudiantado de manera positiva, es decir que incita al estudiante autoaprender o de manera negativa, los limita a la recepción de contenidos.

El aprendizaje sustentado en la motivación nos determina los procesos de adquirir y aplicar información nueva implicada en el proceso metacognitivo a favor de la resolución de problemas en contexto real, donde esa actuación de la persona le permite el control de éxitos y fracasos para evolucionar, y los resultados modifican su motivación (Ugartetxea, 2001), lo que al final produce satisfacción en la persona, quien deja de ser un invitado en su proceso educativo, para convertirse en un protagonista activo, pues son ellos quienes toman la decisión de aprender, superarse, actualizarse y seguir formándose, como dice Abril (2017), la motivación en los estudiantes incide en la culminación exitosa, siendo la motivación intrínseca la más importante al estar relacionada con la autorrealización, autoestima y mejora de relaciones interpersonales con sus grupos de estudio y profesor/tutor, y la motivación extrínseca donde el incentivo en sus actividades académicas no solo les permite alcanzar sus metas sino un reconocimiento social.

Por consiguiente, la motivación en el aprendizaje convoca a la regulación cognitiva y metacognitiva a la hora de ejecutar una tarea y lograr lo deseado, por lo que aparecen dentro de la escuela los principios educativos de la autonomía, como manera de auto-reconocimiento de la persona como sujeto de aprendizaje, permitiéndole optimizar sus recursos de pensamiento y donde se formulan continuamente procesos de aprendizaje participativo y evolutivo, donde los actores dejan de ser actores e interlocutores pasivos, para convertirse en protagonistas en constante interactividad, partiendo desde la experiencia del otro, para evolucionar a la experiencia colectiva que permite avanzar más eficientemente en el compartir conocimiento para construir conocimiento.

 

6.        A manera de cierre

El llamado a la escuela de hoy es que se transforme porque no es solo un lugar de trabajo, es un espacio abierto y flexible donde se desarrolla un aprendizaje individual y colectivo, donde el otro debe ser importante para escuchar, compartir, debatir y departir, es un lugar privilegiado donde se pueden optimizar los procesos de adquisición de conocimiento y nuevos conocimientos.

Es un espacio donde el aprendizaje debe mirarse como una posibilidad de exploración, enriquecimiento y apertura a múltiples conocimientos desde la diferencia, desde una perspectiva integral que acoge a todos las personas pero que no homogeniza. Un aprendizaje que requiere de revisión constante dentro de una perspectiva actual de sociedad que propone cambios de todo orden o nivel en la vida basado en las necesidades de la personas, por lo que la apropiación del conocimiento responde a diferentes variables individuales y colectivas que dependen principalmente de los procesos educativos, razón por la cual las escuelas deben evaluar e innovar constantemente en su praxis educativa para que responda eficazmente a dichas necesidades.

Un llamado que invoca al cambio constante desde las teorías del aprendizaje tanto clásicas como las emergentes, teorías que pueden ser útiles para llegar al nivel de los estudiantes de hoy, a sus necesidades y sus expectativas, pues ninguna de estas teorías es la absoluta, pero si tomamos de ellas aquello que puede fortalecer y producir un sujeto activo, crítico e independiente, que fortalezca el ser integral, las relaciones y las nuevas formas de vida, valdrá la pena aplicarlas porque permitirán un aprendizaje constructivo y significativo. No obstante, las nuevas teorías permiten integrar la escuela con las TIC, por lo que pueden ser propuestas que enmarcadas hacia el aprendizaje son una oportunidad para atender las nuevas necesidades, estas pueden aprovecharse y fortalecerse desde el trabajo colaborativo y continuo del profesorado.

En efecto, solo cuando los profesores estén continuamente pensando con disponibilidad de aprender y abrir su pensamiento a nuevas experiencias para mejorar su práctica, es cuando descubrirán en el colectivo humano la posibilidad de mejorar el aprendizaje de los estudiantesa partir de lo que ellos saben, de sus experiencias y de sus formas de interactuar con los otros y su entorno. Esto permitirá darle al estudiante libertad y responsabilidad en su propio aprendizaje desde ese reconocimiento de aquello que saben y de lo que deben aprender a partir de esas habilidades metacognitivas.

De esta manera, ese llamado a gritos a la escuela de hoy que aplica las teorías del aprendizaje es que motiven, porque es el impulso para el cambio y la transformación, puesto que el aprendizaje se da en múltiples escenarios muchas veces difusos e incontrolables, y la motivación de los estudiantes y en general de los actores educativos es el elemento detonador de la educación, ya que los saberes y conocimientos deben ser una propuesta que desafíe al humano apropiarse de su realidad para mejorarla, pues las personas aprenden mejor cuando aquello que se les está orientando es de su interés, cuando se les motiva a continuar y ser mejores cada día; cuando no se les limita sino que tienen libertad de expresar y comunicar; cuando trabajan individual pero también colectivamente; cuando tienen la posibilidad de hacer prácticas; cuando se da la posibilidad de tener otros entornos y escenarios de aprendizaje.

El aprendizaje no solo puede estar basado en contenidos sino también estar acorde a la población, a los acontecimientos y a la exploración, puesto que genera una comprensión e interés de quien está viviendo el aprendizaje, pues no se puede delimitar un espacio sino que deben ser múltiples espacios, porque las personas aprenden mejor cuando tienen otras miradas en ese espacio de aprendizaje, por lo que diría que debemos transformar esos espacios.

La escuela no sólo es el espacio donde se adquiere el conocimiento, es un entorno donde se favorecen los procesos mediante los cuales se realiza dicha adquisición y un ambiente donde se encuentran los motivos para hacerlo, es el lugar privilegiado donde la persona se encuentra consigo misma para acudir a la interacción con los otros para darle sentido a los procesos de aprendizaje.

No es posible de ninguna forma, separar la motivación del aprender y desligar los procesos metacognitivos de las emociones que produce el arte de ir descubriendo la realidad a través de los sentidos en medio de la comprensión que nos brinda el saber frente a la misma.

 

 

 

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